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No va a haber una ciudad cerrada
Una entrevista con Arturo Saucedo, por Carola Dürr

Arturo Saucedo (AS), periodista y productor musical, es el principal iniciador de "Tecnogeist", plataforma para el encuentro musical mexicano-alemán, existente desde el año 2000 y que este año logró realizar por primera vez el Love-Parade en la Ciudad de México en cooperación con el Goethe-Institut de México. En su conversación con la dramaturga y critica de teatro Carola Dürr (CD), Saucedo habla entre otras cosas de las dificultades para lograr el desarrollo de la música moderna en las grandes ciudades de México, de su relación con la tradición y la modernidad y de la conquista del ámbito público urbano para la juventud como resultado del movimiento de la música tecno.


CD: ¿Desde cuándo existe la música rock en México?

AS: La historia del rock en México pasó por diferentes fases, la mayoría estuvo sometida a la censura del Estado. A finales de los años 50 había algo parecido al rock en México, pero una gran parte del desarrollo tuvo lugar más allá de las fronteras de México, por ejemplo Carlos Santana, que se fue a Estados Unidos para hacer carrera o "La Revolución de Emiliano Zapata" que, dicho sea de paso, también se conoce en Alemania. En los años 80 hubo un fuerte movimiento influenciado por Argentina y España. Se desarrollaron expresiones de un rock mexicano como "Caifanes", "Maldita Vecindad", "Maná" y "Café Tacuba". Desde entonces hay una especie de continuidad, que también se mantiene por medio de festivales como el "Festival del Centro Histórico". Entretanto, México ya se ha hecho presente en el extranjero a través de estos festivales y estas agrupaciones se han convertido en precursoras para nuevas formaciones que van en direcciones muy diferentes: tenemos ska, punk, rockabilly y "música de fusión" - todos esos aspectos que originalmente estaban contenidos en el rock existen ahora prácticamente de forma independiente.
Por cierto, lo mismo sucedió con la música electrónica, que era parte de un rock bastante progresivo durante los años 80 y que después, de alguna manera se emancipó convirtiéndose en el género independiente de "música electrónica" que ya no tiene absolutamente nada que ver con rock.

CD: ¿Qué efectos tiene el desarrollo de los últimos decenios sobre las diferentes generaciones?

AS: La generación más joven, los que tienen 13 y 14 años, ya va a crecer con grupos como "Los de Abajo", "Control Machete" o "Molotov"; para ellos este es el punto de partida completamente normal. Pueden aprovechar una gran variedad, pueden escoger si quieren escuchar música electrónica, rock, fusión o blues.
La generación de los que están en los veinte está en la búsqueda de posibilidades de expresión. Para esto tienen enormes posibilidades de información a su disposición: internet, revistas extranjeras, CDs importados. Lo que esta generación va a producir se va a diferenciar muchísimo de lo anterior.
La generación de los que tienen entre treinta y cuarenta años es un producto del atraso que se produjo en México debido al estancamiento de los años 80; un decenio que prácticamente no existió para los mexicanos. Era una sociedad de los programas de televisión. Todo basura vacía. Y los grupos musicales de los 80 se componían solamente de chicos y chicas bonitas que movían los labios. Las personas de mi edad tuvieron que esperar todo un decenio para tener acceso a los medios de comunicación, a revistas y discos del extranjero, cuyas importaciones eran muy reducidas. La pobreza en información era enorme. Esta generación se encontraba perdida entre la asimilación de lo más escogido que llegaba de Europa, Estados Unidos o Japón y el estudio y la asimilación de la propia música mexicana. Le dio a la cultura mexicana su diversidad actual.

CD: Usted es uno de los principales fundadores de "Tecnogeist", una iniciativa que existe desde el año 2000. ¿De qué se trata?
AS: "Tecnogeist" ofrece musicalmente lo más vanguardista e intelectual que se puede encontrar en México hoy en día, "Tecnogeist" es un proyecto que es en sí mismo tanto un festival como una plataforma de comunicación y de conferencias sobre diferentes aspectos de producción, creación, desarrollo, comercialización y distribución de la música contemporánea y de la sociedad tecnificada.

CD: En el año 2002 Tecnogeist organizó por primera vez la Love Parade en México. En los diarios alemanes se informó acerca de las dificultades que tuvieron para llevar a cabo la Love Parade.

AS: Sí, hubo grandes problemas. Tecnogeist y la Love Parade chocaron con una gran oposición, una oposición relacionada con la censura. La administración de la ciudad pensaba que podía estrangular estas actividades simplemente por medio de una carta oficial, de una declaración. Esta posición conservadora de la parte oficial es una reacción a la transformación cultural. Hay una idea universal de Ciudad de México como cuenca y escenario de los grandes proyectos culturales del mundo y hay un movimiento contrario que cree que esto se debe catalogar de imperialismo cultural. Es la izquierda de México, la que cree que estamos siendo colonizados y que quiere conservar nuestra conciencia para la Revolución.

CD: ¿Cómo fue la reacción ante la prohibición?

AS: Los jóvenes mismos se pusieron muy activos. En vez de revelarse políticamente con pancartas, se revelaron por medio de internet. Muchos periodistas también son jóvenes y apoyaron, de forma directa e indirecta, nuestra idea de Tecnogeist y de la Love Parade. De esta manera hubo un movimiento que se encargó de encontrar un equilibrio entre la acción y la reacción.

CD: ¿La Love Parade en México es un evento político?

AS: En México tiene cierto peso político, es un acto político y un acto de transformación social y cultural. Tecnogeist y la Love Parade significan la posibilidad de construir una ciudad universal, como lo es Berlín; ese tipo de posibilidades de expresión abiertas y universales en espacios públicos, donde la gente joven no está encerrada detrás de una cerca. En México, lo normal es encerrar a los jóvenes en estadios, donde nadie los vea, para que todos los demás tengan su tranquilidad. Las autoridades oficiales tienen que perderle el miedo a los jóvenes; tienen que aceptar el derecho de los jóvenes de caminar por sus calles y de apropiarse del espacio público. Esta lucha política es una realidad en México y la llevamos tanto contra la izquierda como contra la derecha. Hasta ahora parece que afortunadamente la estamos ganando, para todos los jóvenes y para la construcción de una ciudad universal y abierta. No va a haber una ciudad cerrada, como lo quiere la izquierda, una ciudad "pura", que sólo contenga elementos folklóricos, ni tampoco como lo quiere la derecha, una vida entre iglesias, donde todo se deja a los empresarios que saquean la ciudad. Esta dicotomía no existe en el México que queremos. Nosotros los ciudadanos vamos a tomar posesión de las instituciones y las vamos a hacer autónomas, ese es el próximo paso: la autonomía. ¡Eso es política!
Pero no es política desde el punto de vista de los políticos, es la comunidad la que se articula. Esa es la verdadera política, y eso es lo que queremos desarrollar.

 

Traducido al español por Anamaria Noormann

 


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